Este tema no sólo depende del aspecto biológico, sino
también del ambiente en donde vivimos. Se debe considerar que las personas en
situación de discapacidad tienen derechos y deberes, al igual que el resto de
los ciudadanos, el problema surge es cuando muchas veces no los respetamos.
Se buscan enfoques basados en la equidad, esto implica
dar una respuesta adecuada a las necesidades reales de la comunidad
discapacitada. La sociedad está demandando cambios. Ha aumentado la corrupción,
violencia, pobreza y el uso de drogas, ayudando a fomentar la desintegración
social, en el tema de la discapacidad el enfoque debe ser transectorial, sobrepasando
inclusive el área de la salud.
Por lo anterior se hace necesario priorizar a los grupos
más vulnerables, como lo son, los niños en condición de abandono y la tercera
edad. La discapacidad genera inseguridad personal, económica y laboral, implica
en la mayoría de los casos falta de acceso a los servicios básicos, maltrato y
abuso, además de generar problemas escolares, en muchos casos discriminación,
marginación y crisis de identidad personal y acceso a la vida cultural.
Nuestro objetivo, debe ser un modelo de atención, debe
ser aquél que se sustente en inclusión y que prevalezcan los derechos humanos.
En otras palabras, hay que orientarnos hacia el respeto, la dignidad de las
personas en donde el individuo discapacitado sea considerado un sujeto de
acción y no un objeto susceptible de caridad y desprecio.